TAMBO DE MONTERO
– (Época del Marqués de Mancera)
A mi maestro, señor don Ricardo Palma.
I
Partiendo de la Plaza Mayor del Cuzco hacia la quebrada de Saphi, aguas arriba del río Huatanay, se encuentra sobre la margen izquierda, una casa bastante ruinosa- y de elevados paredones que hoy mismo es mirada con cierto grado de miedosa curiosidad y conocida con el nombre de Tambo de Montero.
En 1643 estando de alcalde de soldados, don Pedro Vasquez y alguacil mayor don Martín de Landa y Zavaleta, vivía en aquella casa un mercader europeo llamado don Pedro Montero de Espinosa, y según pública voz y forma de aquellos tiempos, se reunían por las noches muchos amigos de Montero.
La casa no presentaba otro aspecto que el de un camal o una hostería y en prueba de ello se encontraba siempre a la puerta del establecimiento un pernil de jamón, un relleno descomunal o una sarta de salchichones pimentados; todos, golosinas codiciadas por el paladar europeo.
Más tarde, la suspicaz observación de las gentes del barrio añadía atemorizada que en aquel lugar se congregaban los judíos residentes en la ciudad y señalaba, aunque por lo bajo, al joven de Espinosa.
Andando algo más el tiempo, ya se aseguraba que la casa de Montero era una verdadera Sinagoga, donde con arreglo al rito hebreo tributaban a sus creencias las ceremonias de su culto religioso.
¡Cosa grave en aquel tiempo!
Últimamente se aceptó como auto de fe la voz de que una de esas ceremonias se practicaba los viernes por la noche, flagelando a una imagen del Salvador que al efecto tenían aquellos judíos.
Actualmente, existe una pequeña capilla levantada en honor de aquella imagen, que más tarde fue llevada al templo de Santo Domingo; y en la puerta se lee la siguiente inscripción que la copiamos sin alteración alguna.
En este obscuro, lóbrego sitio del Tambo. Padeció nuevamente nuestro Redentor Jesús repetidas veces al profundo silencio de la noche por el Bárbaro Infame, Sacrílego Montero que en la duodena turba de su Judaica perfidia probó largamente su crueldad la divina paciencia hasta que se traspuso el lugar Sagrado de Jerusalén. En este Santuario donde gusta escuchar atento la aclamación de nuestras rendidas súplicas y llevarnos por esta senda al centro de su gloria.
Tan grandes acusaciones en aquellos tiempos de fanatismo religioso no tardaron en llegar a oídos de las autoridades civiles y eclesiásticas, agravando la posición de Montero y poniendo en peligro su existencia, cuando campeaba el tribunal de la carroza verde.
Cierto día se llenó el Tambo de alcaldes y alguaciles enviados por don Jerónimo de Leyva, la sazón gobernante del Corregimiento del Cuzco mandado por el Virrey Marqués de Mancera.
Apresaron a Montero junto con los que se creían sus cómplices; sus bienes, que no eran para despreciados, se confiscaron en favor de la corona de España, y nuestro desgraciado mercader fue remitido a disposición del Santo Oficio residente en Lima donde no la llevaría limpia, atendida la gravedad de las acusaciones que sobre él pesaban y el carácter del horrendo tribunal.
II
La tradición ha conservado pues que efectivamente fueron encontrados en aquel recinto misterioso, una imagen del Salvador que por la viveza y naturalidad de las llagas y contusiones parecía recientemente sacada de un taller de escultura; disciplinas con púas de fierro y otros instrumentos de tormento: que la pavimentación y las paredes presentaban manchas de sangre fresca que fueron indelebles mientras no estuvieran castigados condignamente los criminales, autores de aquel desacato.
Don Pedro Montero de Espinosa, como europeo, bien podía haber sido judío de familia y quizá de religión.


Ubicación de la Casa Montero a 400 metros de la plaza de armas del Cusco

Pedro Álvarez de Toledo y Leiva – Marquez de Mancera
Virrey del Perú ( 18 de diciembre de 1639 a 20 de septiembre de 1648)
Durante su mandato fortificó Valparaíso y Arica, refundo Valdivia como plaza fuerte (1645) y amuralló El Callao, donde erigió una ciudadela (1641-47); pero consumió ingentes caudales que no pudo compensar con el incremento de la producción de azogue, al oponerse los misioneros a sus pretensiones sobre la reforma de la mita, ni persiguiendo las quiméricas riquezas de Paitity, seducido por el embaucador Bohórquez.
Para remate, los devastadores efectos de los terremotos de 1640 (Huancavelica), 1647 (Santiago) y la erupción del Pichinchá (Quito), acabaron de vaciar las arcas públicas.
El 20 de setiembre de 1648 entregaba el gobierno a su sucesor, el conde de Salvatierra, comenzando entonces un tormentoso juicio de residencia en el que se le imputaron gravísimos cargos.
Partió para España el 11 de abril de 1650 y, ante la tibia recepción que se le prodigó en la Corte, se retiró a sus estados, muriendo tres años después en su palacio de Mancera, construido por su tatarabuelo Pedro, primer señor de Cinco Villas, cuya traza sirvió de modelo para el alcázar de Diego Colón, en Santo Domingo, y otros palacios de la América virreinal. (Fuente: Web Archive)
